
Roma no se construyó en un día
Lo que sigue es un análisis personal, una simple observación. No intento ser ni parecer revolucionario, pero sí mantener vivo mi pensamiento crítico. Escribir me ayuda.
Trabajo a diario con agentes de IA, pero lo vivo con claroscuros, como una lucha interior. No me gusta aceptar a ciegas lo que viene dado. Intento mantener mi independencia de ellos, evaluando cada paso para no perder capacidades (músculo que no se ejercita se atrofia), no perder identidad, unicidad y para no reemplazar coequippers.
Comparto varias de mis “unpopular opinions” con ustedes a continuación.
Desintegración
¿Cuánto tiempo compartido entre colegas y cuántas conversaciones entre coequippers dejaron de suceder, desplazadas por las sesiones de chat con agentes de IA?
¿Cuántas discusiones técnicas menos generamos últimamente con nuestros colegas y referentes? ¿Es posible que desde hace un tiempo las estemos volcando en el embudo de “consultárselo a la IA” como primera opción?
¿La disminución del efecto “cowork” no nos alarma?
El efecto “cowork”: esas digresiones espontáneas que se daban presencialmente, cuando conversábamos por un tema y salía otro que se terminaba imponiendo por más útil o apasionante; explicarle a un coequipper lo que hacíamos, esforzándonos por dar explicaciones sólidas, ya que coequipper presente no es lo mismo que coequipper remoto detrás de una pantalla. La presencialidad suma gestos y miradas, actitudes que nos interpelan, y eso nos induce a ser más sólidos, más completos y mejores comunicando.
La complacencia baja la vara
Algo de esto ya sucedió cuando adoptamos masivamente los motores de búsqueda: dejamos de ir a bibliotecas, nos desplazamos mucho menos físicamente y muchas cosas se aceleraron un montón.
Pero ahora la inmersión es mucho mayor: los agentes emulan personalidades, escriben en muchos idiomas, incluso en dialectos, poseen habilidades y capacidades que antes eran exclusivas de los desarrolladores de software más experimentados, se conectan a aplicaciones a través de MCPs para que los agentes dialoguen con éstas y puedan manejarlas como si fueran usuarios humanos.
La experiencia es predominantemente conversacional por estos días, pero de persona a máquina, no de persona a persona, con todo lo que eso implica: disponibilidad 24/7, cómoda y adictiva debido a ese loop cargado de un feedback casi siempre complaciente.
Y la complacencia baja la vara.
Los agentes complacientes no nos cuestionan, avalan casi todo lo que les proponemos, y al principio nos creemos unos genios en la materia de lo que conversamos con éstos, para entrar posteriormente en una meseta de repetición y falta de superación, que da lugar a una incipiente decepción porque descubrimos que el agente no nos proporciona una compañía genuina, pues no es otra cosa más que un lorito estocástico, adulador y condescendiente.
Qué mejor que ubicar al agente entonces en el lugar que le corresponde, en el lugar de “herramienta”, o nos vamos directo al “valle inquietante” (“the uncanny valley”).
La “agentificación” de las conversaciones técnicas ya no es novedad. Los que hace un par de años eran riquísimos intercambios entre profesionales, ahora son atajos agénticos que reducen el esfuerzo de pensar por uno mismo y de colaborar con otros seres humanos para nutrirnos de su experiencia.
Hasta hace poco, una forma válida para “salir de la página en blanco” era juntarse a tomar un café con un colega o con alguien experto en alguna disciplina diferente a la propia, o incluso conversar con personas “random” para validar lo que salía de nuestro ambiente técnico, tantas veces viciado por la falta de roce con la calle.
Roma no se construyó en un día
La tentación de reducir el esfuerzo está ahí, y muchas veces nos seduce.
Hay que tener una fuerte convicción para ir en contra de ciertas cosas: suena mucho más tentador poder ir rápido junto a la manada (¿efecto estampida?) que caminar lento y conversar.
Tengo la convicción que la opción lenta debería gozar de mejor reputación, mucho mejor marketing.
Nadie dijo que rápido sea siempre mejor. A veces puede ser mucho peor. Roma no se construyó en un día.
Imaginemos el viaje lento por nuestro derrotero laboral como un viaje apreciativo, una subida lenta pero constante hasta algo parecido a un refugio de montaña, desde donde se puede gozar de una vista inigualable, con personas increíbles esperando compartir más conversaciones humano-humano allá arriba. Un trekking por la vida, degustando cada paso de la creación profesional como si se tratara de una frambuesa silvestre encontrada por el camino, y observando los detalles como a las flores de Amancay en medio de las montañas patagónicas. La opción lenta no considera trivial una bifurcación, no agentifica estas decisiones con Jev y no le dice “noul” a la probabilidad de ir por la derecha o por la izquierda, le dice “corazonada”, le dice “intuición”, le dice “aventura”.
¿Dónde está la aventura cuando “agentificar la toma de decisiones para ganar en velocidad” es la actitud por defecto en una organización?
Tal vez nos volvimos hombres grises, ya no más aventureros. ¡Qué desperdicio! De confirmarse, estaríamos perdiendo lo que nos trajo hasta aquí y nos hizo ser los “humanos modernos” (homo sapiens sapiens). ¿Qué nos espera entonces? ¿Involución? ¿Quitarle un “sapiens” al “sapiens sapiens”?
Anhedonia por velocidad
Si creemos que más rápido y más complejo siempre es mejor, les tengo malas noticias: nos acostumbramos a todo y lo que nos sorprende hoy nos aburrirá mañana.
Más rápidos pero incapaces de disfrutar el recorrido: lo llamaré “anhedonia por velocidad”.
Más velocidad no implica una mejora cualitativa de nada en particular. Me atrevo a decir que es al revés, que a mayor velocidad muestreamos y discretizamos la realidad con menor resolución.
Y como se dice ahora: se buildea y se shippea cada vez más rápido, además ese es el mensaje que se difunde desde diferentes compañías: “Let’s build and ship fast!”. Github tiene más commits por día que nunca, se publican nuevas versiones de todo … todo el tiempo, imposible seguirle el ritmo a tantos updates.
Y de ser así, con tantos updates de software, quienes estamos en IT deberíamos estar viviendo un sueño. Sin embargo, ¿nuestra calidad de vida mejoró substancialmente en este último tiempo, o vivimos corriendo a toda máquina con el burnout pisándonos los talones?
Build and ship fast, es acelerar por acelerar, es la velocidad que una vez más deshumaniza, quita profundidad y desgasta.
Yendo tan rápido no somos capaces de percibir los detalles en las alas de una mariposa, nos perdemos de la sutilezas de una intro de Pink Floyd, no nos damos tiempo para reflexionar y para pensar “por qué” y “para qué” hacemos lo que hacemos. Y ni hablar de disfrutar del tiempo que compartimos con nuestros seres queridos (tiempo que pasa muy rápido). Yendo tan rápido nos vamos transformando en unos autómatas bárbaros y veloces.
Re-humanizando el trabajo
El tiempo que tenemos disponible en esta vida se agota, y elegimos compartirlo más con silicio que con otros humanos. Suena a comportamiento de un ser alienado.
Y así, agentificándolo todo, las jornadas de trabajo que otrora traían aprendizajes compartidos, conversaciones memorables y encuentros enriquecedores, se redujeron a interminables loops de especificaciones, verificaciones y correcciones, más especificaciones, más verificaciones y más correcciones… Así por horas, días, semanas y meses…
¿No se agotan? ¿No se aburren? ¿No sienten que trabajando de este modo, lo que nos apasionaba perdió gran parte de su atractivo? ¿No sienten cierto vacío de identidad?
Preguntas que me surgen
- ¿De qué semilleros se alimentará la innovación y la ciencia base detrás de la tecnología? ¿Dónde estará la innovación una vez que se estabilice la endogamia generativa agéntica?
- ¿Y si creamos agentes para fortalecer equipos humanos existentes, agentes para hacer team-building y community-building?
- ¿Y si evaluamos las cosas con el foco puesto en el largo plazo del bienestar humano?
- ¿Seguirán siendo sostenibles en 5 años las organizaciones con planteles mayoritariamente agénticos y pocos humanos?
Los agentes son herramientas, poderosísimas, pero herramientas al fin, y si un indicador de progreso en una compañía es “economizar sueldos con IA”, sepan los directivos de antemano, que los tokens no son comestibles.
Propongo que frenemos un momento y revisemos todo lo bueno que nos trajo hasta aquí el trabajo en equipo con otras personas, que revaloricemos el ritmo lento: no tiene nada de malo ir lento si eso nos permite desmenuzar y aprovechar a fondo lo que nos provee este Universo.
Gracias por leerme.